Duelo por la pérdida de un hijo: afrontar la mayor pérdida dentro y fuera de la terapia

Mano de un padre sosteniendo una rosa blanca en la habitación iluminada de un hijo, con un osito de peluche al fondo. Simboliza el recuerdo, el amor y la esperanza en el duelo por la pérdida de un hijo.

El duelo por la pérdida de un hijo es, sin duda, una de las mayores heridas que podemos sufrir en la vida.

Así que lo primero es mandarte un abrazo fuerte. Enorme.

Desde mi experiencia como psicólogo, te recomendaría que empieces por no obligarte a tener un plazo fijo para superarlo. De hecho, te diría que el camino empieza donde estás ahora, pero no tiene un recorrido claro. No es igual para todo el mundo. Te animo a quitarte de encima las obligaciones, y tener presente la fantástica cita del Dr. Steven Hayes:

«Nos duele lo que nos importa. Nos importa lo que nos duele».

Esto quiere decir que te duele la pérdida porque tu hijo significaba todo para ti. Por tanto, es un sufrimiento que parte del amor. En medio de la tempestad que estás viviendo, fíjate que ese vínculo sigue siendo hermoso. Único. Como una flor que crece en el desierto.

Te propongo que leas este artículo desde la apertura que exige elaborar el duelo por la muerte de un hijo. Lo escribo con la firme intención de ayudarte. Así que no voy a hablarte de «superarlo» porque, en cierto sentido, «superar» suena a «decir adiós». Te sugiero, en su lugar, coger esta experiencia tan difícil de la mano, y seguir caminando por tu vida. Elaboramos ese duelo porque, ahora, es parte de vuestra historia. Y es una forma más de honrar la memoria de tu hijo.

Aunque duela.

¿Es esto normal? Validando la intensidad del duelo parental

Lo cierto es que, en mi experiencia como terapeuta, el duelo parental es de los más difíciles de elaborar. No solo por la intensidad del proceso, que te alcanza en lo más íntimo. Además, vivir la pérdida de un hijo es algo socialmente complejo, que mis pacientes, que me enseñáis muchas cosas, expresan como «solo lo entiende quien lo vive» o, directamente, «nadie lo puede entender«.

Y es verdad. Porque tu proceso es exclusivamente tuyo.

Así que es totalmente normal que tengas sentimientos de rabia. De culpa. Que te preguntes si habrías podido hacer más, o si la vida tiene sentido. O que directamente pienses que la gente es idiota porque, queriendo ayudarte, solo parecen obligarte a superar la muerte de tu hijo.

Y tú no estás en ese punto. Y a lo mejor ni siquiera quieres estarlo.

Así que empecemos a normalizar lo que te pasa. Y a establecer límites sanos, que te permitan vivir tu experiencia en tus términos.

Te sugiero darte permiso para vivir el duelo de perder un hijo como tú necesites, sobre todo si es algo reciente (menos de seis meses). Siéntete libre de hacer lo que consideres que tengas que hacer, incluido no hablar del tema en absoluto.

Como te decía antes, aquí no va de plazos ni hay reglas. Cero expectativas. El enfoque de terapia ACT para el duelo, con el que trabajo, implica abrirse a tu experiencia sea la que sea esta. No aspiramos a que te sientas bien, sino a sentir bien.

Sentir bien, en este momento, es encajar un golpe tremendo de la vida. Y eso, duele.

Así que si ahora tu realidad es demasiado intensa, está bien, pues todo tiene su tiempo.

¿Cuáles son las etapas del duelo por la muerte de un hijo?

Existe una autora que me gusta mucho, Elisabeth Kübler-Ross, quien durante su trayectoria desarrolló las conocidas cinco etapas del duelo.

Sinceramente, no creo que sea bueno para ti establecer unos plazos ni etapas obligatorias. Vamos, que te las comparto como una referencia. Porque no todas las personas que viven el duelo por la pérdida de un hijo pasan por ellas, ni lo hacen al mismo ritmo. Sin embargo, sí creo que son una buena referencia para diferenciar si vives un duelo normal o un duelo complicado:

Negación: ante la pérdida de tu hijo

Este es el primer peldaño para elaborar un proceso de duelo. Es muy habitual que se presente una sensación absolutamente abrumadora o de incredulidad por la pérdida de tu hijo. Y completamente normal. Resistirse a aceptar lo que te ha pasado es una forma muy humana de evitar afrontarlo, después de todo.

Es fundamental que tomes perspectiva de esta negación, ya que te permitirá continuar elaborando tu duelo. Te animo a no verlo como algo «malo», sino «natural». No estás haciendo nada «malo» ni «mal» cuando simplemente tratas de sobrevivir a la pérdida. Intenta darte ese margen.

Ira: un enfado existencial

Cuando pasamos un período largo con tristeza, es muy normal que aparezca el enfado. Puedes sentir rabia, ira. Odiar la vida y hasta culparte por lo que ha pasado.

Es muy importante que demos salida a la ira de forma productiva. De lo contrario, podrías generar mayor sufrimiento psicológico a ti o a quienes tienes alrededor. Es un daño colateral ante un momento en que la pérdida todavía nos desborda y no disponemos de margen emocional para gestionar las circunstancias.

Negociación: volviendo la vista hacia dentro

Después de transitar esa tristeza y rabia, es posible que empieces a negociar los significados del proceso. Que te preguntes si las cosas podrían haber sido de otra manera, o intentes compensar la pérdida de alguna forma.

Depresión: la tristeza como paso necesario

En esta fase se consolida la relación con tus propias emociones, con el duelo que estás viviendo. Es un momento de profunda conexión con el proceso, siguiendo con la etapa del duelo anterior.

En realidad, ese estado de tristeza implica una mayor capacidad para «mirar hacia adentro», en el sentido del sufrimiento por la pérdida de tu hijo surge la posibilidad de buscar recursos en ti mismo que puedan sostenerte mejor. Es, por tanto, una forma de procesar el dolor que estás atravesando.

Aceptación: apertura a la experiencia

La última etapa supone encajar el golpe que te ha tocado vivir. No implica olvidar a tu hijo, ni tampoco dejar de hablar de ello para siempre. En mi experiencia, no supone el fin del duelo, sino el fin del sufrimiento psicológico. Y esto es importante.

A menudo esta aceptación es un momento en que te abres a la posibilidad de que la vida sigue. Esto implica ordenar las emociones y experiencias. La pérdida da paso a dejar el espacio suficiente para coger aire. Volver a vivir.

Es importante que entiendas que esto no va de olvidarse de la pérdida de tu hijo. Se trata que haya el margen para que puedas sentir plenamente esas emociones. Darles salida de una forma positiva. Elaborar el duelo es recordar y tener presente, pero desde la apertura a esa experiencia. Ya no vives en un sufrimiento insorportable.

Si estás empezando el camino o necesitas tiempo para llegar a la aceptación, está bien así. No tengas prisa por llegar a una u otra etapa, pues todas ellas son parte de tu historia, y necesarias.

Sí te diré, pese a todo, que tener apoyo psicológico es importante siempre que lo veas oportuno. De nuevo, no «te obligues» ni vayas a terapia «porque toca». Hazlo si sientes que te ayudaría a elaborar el duelo por la pérdida de tu hijo. Desde ya te digo que estoy aquí para acompañarte en este momento tan difícil. De corazón.

¿Cuál es el peor momento del duelo?

Darte una respuesta precisa implicaría sentar unas expectativas poco útiles. Porque en el duelo por la pérdida de un hijo no hay plazos marcados ni hoja de ruta. Sí me parece honesto decirte que el primer año es muy habitualmente difícil. Y que los aniversarios del fallecimiento, cumpleaños o fechas señaladas tienden a intensificar el dolor.

Pero la clave de todo esto que te cuento radica en que cambiemos la forma en que nos relacionamos con el dolor por la pérdida. Te explico por qué.

Si te pregunto cuál ha sido el peor momento para ti, lo más probable es que te venga a la mente y lo tengas clarísimo.

Hay personas que sufren porque la pérdida es todavía muy reciente. Otras, señalan su peor momento en el llamado dolor de ausencia, en el que nos duele no solo la pérdida, sino también lo que podría haber sido y ya nunca será. En algunos casos, la situación se complica tanto que años después seguimos con un elevado sufrimiento psicológico, sintiendo que «cada día es el peor día», porque ese duelo no se ha elaborado.

Lo fundamental es que entiendas que no hay una forma correcta, ni «buena» ni «mala» de vivir el duelo. No eres ni mejor ni peor padre por llorar por la pérdida o reír recordando un momento con tu hijo. Para mí, como terapeuta, la clave radica en que nos abramos a la experiencia tal cual está es.

Si duele, sentimos ese dolor. Y si duele más que nunca o es el peor momento del proceso, también.

¿Cómo aceptar la muerte de un hijo? «Aceptar» no implica «olvidar»

Entrando de lleno en ese terreno trabajamos la flexibilidad psicológica, que supone «estar dispuesto a transitar nuestro duelo». En otras palabras: huir de lo que nos pasa, no querer sufrir más ni afrontar la pérdida de tu hijo, representa un aspecto central del sufrimiento psicológico.

Así que sí, un paso es aceptar la muerte de tu hijo. Ante esto, muchos padres tienen sentimientos totalmente válidos: ¿cómo voy a hacer eso? ¿No es esa aceptación decir adiós, olvidarme de mi hijo?

Por favor, si te llevas algo de este post, que sea esto:

Aceptar la pérdida de tu hijo no implica olvidarse de él.

Lo que implica es dejar de sufrir de manera insoportable por algo que ya no puedes cambiar.

Y es que cuanto más huímos del dolor, más entramos en él. Este esfuerzo paradójico es una de las trampas en las que caemos cuando entramos en un duelo complicado.

Y no pasa nada. Porque como padre que ha sufrido una pérdida inmensa, tienes todo el derecho del mundo a que se te haga mucho, a enredarte con estas cuestiones.

Mi trabajo como psicólogo supone ayudarte a desenmarañar todo esto que estás viviendo. Pero es importante que estés dispuesto a ello, en el sentido de que si no nos abrimos a encajar el golpe, a vivir la experiencia tal cual es, por dura que resulte, sufrimos más.

Preguntas frecuentes de los padres que consultan por el duelo por la pérdida de un hijo

Hay ciertas cuestiones que son comunes a muchísimos padres que viven la pérdida de un hijo. Voy a recogerlas aquí, porque representan esas batallas internas frecuentes, y porque suponen un primer paso en la escalera de la aceptación.

¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un hijo? ¿Hay un tiempo normal?

Como ya habrás percibido, en mi opinión como psicólogo que trabaja el duelo parental, no hay un tiempo «normal». Empezando porque como profesional no tengo claro que es «lo normal».

Sí puedo decirte, como referencia y sin que lo tomes como «lo normal», que 12 meses es un plazo razonable para que se reduzca el sufrimiento psicológico por el duelo por la pérdida de un hijo.

A partir de los 12 meses, ni estás enfermo, ni lo has hecho mal, ni pasa nada especialmente malo. Sencillamente, hablamos de un duelo complicado por la pérdida de tu hijo. Estrictamente hablando, sería un trastorno por duelo prolongado, que es como le llama la gente que insiste en ponerle etiquetas a todo. A ti esto no te ayuda, ni sirve para nada. De hecho, a mí me parece que resta porque aleja el foco de lo realmente importante: que necesitas un poco más de tiempo para elaborar tu duelo.

Para entender esto mejor, me gustaría que tengas en cuenta que las circunstancias de cada duelo son completamente diferentes. Por lo tanto, como no hay dos casos iguales, no podemos hablar de «normalidad».

Lo único normal es que haber perdido a tu hijo te duela muchísimo.

A partir de ahí, tómate el tiempo que necesites para elaborar ese proceso. Pero si ves que se prolonga más allá de esos doce meses, notas que se te está haciendo muy muy difícil o quieres tener un apoyo, genuinamente te animo a escribirme. Pide la ayuda que necesites. Pero ten presente que no conviene patologizar una situación así. Es decir: que estar mal por haber perdido a tu hijo no es una enfermedad.

Sí me parece positivo darte la referencia de los 12 meses o el nivel de malestar, como sistemas internos de alerta que te pueden llevar a buscar apoyo. Ante la duda, te animo a hacerlo. Puedes consultar conmigo o hablar con otro profesional de la salud de tu confianza, e incluso buscar asociaciones o abrirte a tus seres queridos. O todo a la vez.

¿Es normal sentir culpa por la muerte de mi hijo?

Sí, porque a menudo confundimos sentir culpa por la muerte de mi hijo con ser culpables de lo que ha pasado.

Esto, que parece tan obvio, es hilar ya fino. En el contexto de la Terapia Cognitivo-Conductual, se denomina razonamiento emocional. Implica la noción de que, como sientes culpa por la muerte de tu hijo eres, de hecho, culpable tú.

Aquí entramos en el territorio de las distorsiones cognitivas. No es muy útil que entres a discutirlo ahora, pues es algo que se trabaja en psicoterapia. Pero, en líneas generales, te dejo dos claves:

  • Es completamente normal que sientas culpa. O que culpes a otros.
  • Es completamente falso que seas culpable.

A menudo, sentimos que podríamos haber hecho más. Haber notado algo, estado más atentos, buscado otras soluciones… la lista es enorme, y duele. La realidad es que esto nace de sentimientos normales de protección que tienes como padre.

Sentimos que podríamos haber hecho más, pero usualmente esto es completamente falso. Resulta doloroso aceptar que, en realidad, hacemos siempre lo que podemos con lo que tenemos en un momento determinado. Eres padre, pero también persona. Querrías haber llegado a salvar a tu hijo, y esto es absolutamente natural. Por desgracia, no pudo ser. Ten presente que sentirte así no te hace culpable. Al contrario: nos habla de tus valores y del amor por tu hijo.

¿Cuánto tiempo se tarda en superar el dolor?

Me parece importante recordarte algo en este punto:

Ese dolor tan intenso nace del amor que sientes por tu hijo.

Como esa pérdida que has sufrido es parte de tu experiencia vital, nada ni nadie lo podrá eliminar. Es una aspiración vana pensar en que un día te despertarás y todo será parte del pasado. Y si algún terapeuta te dice que puede ayudarte a «olvidar», miente. Porque la mente humana solo añade experiencias. No podemos borrar nuestros recuerdos.

Esto, que puede que ahora te resulte difícil, tiene un sentido humano y poético. Es mejor que sea así, porque… ¿querrías olvidar a tu hijo?

La respuesta que más me he encontrado es que jamás. A veces, algún papá me confiesa entre lágrimas y cierta culpa que sí. Que ojalá nada hubiese sucedido. En esos casos, siempre os digo que quien habla no es el dolor, sino el sufrimiento. Son conceptos diferentes. Volvemos a la cita de Hayes:

«Nos duele lo que nos importa. Nos importa lo que nos duele».

El dolor por tu pérdida es algo que, con el tiempo, será más llevadero. Siempre tendrás una cicatriz en tu corazón. Y digo que tiene sentido humano, poético, porque es un recuerdo de tu historia con tu hijo, que puede incluso ayudarte a transformar tu vida si lo elaboras.

Por su parte, el sufrimiento es un dolor psicológico que surge de negarse a aceptar la experiencia tal cual esta es. Lo digo sin juzgarte, porque entiendo que estás viviendo un momento durísimo. Pero debo decirte que el rechazo magnifica la herida, la mantiene abierta. Te lleva a centrarte no en lo que las cosas son, sino en lo que habrías querido que fueran. Y eso genera gran malestar.

Así que fíjate lo sencilla que resulta esta idea, que nos abre la puerta a superar el sufrimiento y estar dispuestos a tener una experiencia que duele, mucho. Resistirse implica sufrimiento.

Dejar el sufrimiento atrás implica ese viraje. Un cambio de foco, un giro en la historia de tu duelo. Elaborarlo es acogerlo bien cerca de ti. Puedes elegir dejar atrás el sufrimiento, pero eso exige abrirte a sentir bien tu dolor. Elaborarlo, sin prisa. Acogerlo en tu corazón. Y seguir adelante con una cicatriz que nos habla de tu historia de amor.

¿Cómo ayudar a una persona que ha perdido un hijo?

Para ser totalmente sincero, que estés leyendo estas líneas me emociona. No todos mis pacientes tienen la suerte de tener un entorno social lo suficientemente preocupado por su pérdida. El mundo es un lugar un poquito mejor por este tipo de gestos. Gracias.

Mi recomendación sería, ante todo, que estés disponible y acompañes, pero sin agobiar. Haz notar a la persona que cuenta contigo para lo que genuinamente puedas ofrecer. Todo, o nada. Lo que necesite, está bien.

Sobre todo, no le indiques cómo tiene que vivir su experiencia. Respeta desde el amor. No hables de tiempos, no le digas que tiene que intentar superarlo, ni tampoco que intente ser fuerte o pasar página. Ten presente que la pérdida de un hijo es un duelo muy intenso. Entiende que quizá un padre en esa situación no pueda (o no quiera) hablar contigo. O tenga una mala respuesta, incluso meses después de su pérdida. Y que no lo hace por mal.

Acompañar es la palabra clave. A veces, es todo lo que podemos ofrecer. He tenido pacientes que se acercaban al fin de su vida, y no había mucho más que pudiéramos hacer que eso. Acompañar. Estamos presentes. Lloramos juntos. Hablamos de su hijo. Estar cerca de forma humana, sensible, es lo más esencial. Sobre todo, no pongas tu necesidad en el centro. Es fácil que nos despistemos y pongamos en el centro nuestra perspectiva, cuando esto de acompañar va del otro.

Si le vas a recomendar ir a terapia mi sugerencia es que, en su lugar, dejes que sea la propia persona quien decida cuándo dar ese paso. Puedes mandarle este artículo, para que sienta tu intención de ayudarle en el proceso. Esa actitud de estar disponible, de querer echar presente y acompañar, sin agobiar, me parece lo más sano. Para la persona, y también para ti.

¿Debería pedir ayuda profesional para un duelo complicado por la pérdida de un hijo?

Este es el último punto de este artículo, porque se abre ante ti una duda razonable. ¿Debería ir a terapia para gestionar el duelo por la pérdida de un hijo?

Siempre he considerado que esa es una decisión personalísima. No tengo una respuesta correcta, porque depende mucho de cómo estés llevando la experiencia. Hay gente que sufre enormemente, a la que sí le recomendaría ese apoyo. Pero exige, nuevamente, abrirse a que te acompañe en el proceso de elaborar tu duelo, que puede ser largo.

Así que te voy a sugerir que tomes la decisión no con la cabeza, sino con el corazón.

Quiero que sepas que, para mí, es un honor que hayas leído este artículo. Lo más importante para mí es que te haya ayudado en tu situación.

A partir de ahí, puedes:

  • Leer más sobre la terapia que ofrezco
  • Escríbeme para contarme más sobre tu historia

Un abrazo.

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